miércoles, 30 de octubre de 2013

Escena tercera

Las puertas del hotel se cerraron, sólo éramos nosotros dos en una habitación pequeña, pero acogedora.
Los nervios me consumían, no quería que me toque, pero al mismo tiempo lo esperaba con ansías. El deseo nos invadía, se podía percibir la tensión sexual en el ambiente.
Cada beso nos fue conduciendo hacia la cama, no había nada que decir, nuestros cuerpos se entendían a la perfección, armónicos cayeron sobre las sábanas frías, podía sentir sus manos sobre mis pechos, hice presión con la yema de mis dedos en su espalda, él no paraba de besarme...
La tarde se fundió con la noche en un abrir y cerrar de ojos, nuevamente el tiempo se había acelerado y nosotros no estábamos conformes con ello.




No hay comentarios:

Publicar un comentario