miércoles, 30 de octubre de 2013

Escena primera

Había cortado la comunicación con él definitivamente, o al menos eso trataba, ya no quería saber nada más. Parece que todas las relaciones que empiezo tienen el mismo final, siempre es igual, todo es mágico y perfecto hasta que... ¿Caigo en la rutina? Preguntarán ¡No! Hasta que la relación se torna en compromiso. Esta misma situación la viví unas cuatro veces en los últimos seis años, lo sé, nefasto.
Quisiera ahondar más en el tema, pero ciertamente dudo que a alguien le interese leer las desventuras amorosas de una típica joven bohemia de Buenos Aires.
Retomando, veinte llamadas perdidas, treinta mensajes de WhatsApp, dos de texto, un e-mail y numerosos intentos de interactuar conmigo vía redes sociales, ¡Basta! Ya no soportaba la situación, yo sólo quería finalizar algo que se había tornado demasiado serio, lo sé, la mayoría de nosotras sueña con estas cosas, pero no soy de ese tipo de mujer.
Me sentía terrible, si bien no era culpa mía, me sentía extraña, él estaba triste y yo no sabía que hacer, pero no podía seguir dándole esperanzas, no era justo.
Claro, todo tiene una razón, las relaciones se desgastan, como una goma de borrar luego de ser utilizada durante muchos años, esas pequeñas cosas sucias que teníamos guardadas en la cartuchera, cuando éramos chicos e íbamos a la escuela primaria.
El borrador se estaba desgastando, cuando repentinamente conocí a alguien muy parecido a mi, sí, esta persona le teme al compromiso, pero a diferencia de mi, nunca había tenido una relación estable y aún no logro deducir por qué. Músico, bohemio, reservado, buen gusto para vestirse, atractivo, joven...
El primer cruce de miradas marcó algo importante entre ambos y fue inexplicable, no podría ponerlo en palabras aunque quisiera, los dos sentimos esa conexión inmediata, carnal y amorosa al mismo tiempo.
No quería equivocarme, acepté salir con él una vez y otra, hasta que llegó el beso esperado, ese beso que parece decirte como será la relación, como es la persona, si es o no pasional, si tiene miedo, todo. Fue casual, suave, juguetón y breve, en pocas palabras, fue el lapso más placentero que había tenido en días.







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