viernes, 8 de noviembre de 2013

Escena quinta

Dos meses después. Sus besos aún tenían el mismo efecto sedante, excitante, nada había cambiado entre nosotros. Tocó a mi puerta, llevaba un traje oscuro, atractivo, de repente me entregó una carta y un anillo ¿Qué estaba pasando? ¡Sí! Emocionada.
Sus manos rodearon mi espalda y sus labios penetraron en mi piel.
Todo sucedía tan rápido, como en esas noches donde el alcohol y las luces te superan y de repente estás en tu cama de nuevo, todo parece un sueño, pero el cuerpo indica lo contrario.


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