viernes, 8 de noviembre de 2013

Escena sexta

Estábamos acostados sobre su cama, nos mirábamos con amor, con ternura, pero nosotros no jugábamos ese juego. El romanticismo no era una práctica divertida para nosotros, al menos no en la cama.
Abrió el ropero y sacó una corbata color ocre, me miró fijamente y no me preguntó, ató mis muñecas con mucha fuerza y comenzó a penetrarme, intenté desatarme, pero no podía, lo mordí y entonces ese juego se tornó más intenso...
Llegamos al clímax. Increíble.
Cada día que pasaba caíamos en la cuenta de que nuestra mente trabajaba al mismo ritmo, estábamos tan conectados que no hablábamos, hacíamos.
Pero un par de cachetadas y una corbata no lograban satisfacer a nuestros cuerpos...
Íbamos por algo nuevo, todos los días y no conocíamos de límites.


No hay comentarios:

Publicar un comentario